27.8.09

¿Quién no se ha dormido en el tren?









Entonces apareció en el aire algo que me evitó la caída, en el transcurso de un rato me percaté por deducción de que tenía que tratarse de un dedo; un dedo sutil, pequeño, no podía ser ni un índice ni anular, tenía el volumen y longitud de un pulgar. Estaba ahí como algo angelical presto a que yo me asiera. Me sentí aliviada y salvada. Qué menos que mirar al dueño del dedo en muestra de agradecimiento. Era un negrito, y le dirigí una fugaz sonrisa.



Llegué al asiento libre pero permanecí poco, no me fuera a quedar otra vez a bordo.Y aunque era una sauna la estancia del "Exit"(Salida), ahí estuve un buen rato.
Paró el tren. La estación estaba en obras y encontrar la salida no era difícil pero tampoco fácil. Bajamos las escaleras una pareja delante y yo detrás.Las volvimos a subir y vimos que era el camino recto y al fondo a la izquierda. Sentí la presencia de alguien detrás. Volví la cabeza y la cara no me resultó extraña del todo. Pregunté: "Tú eres el del dedo?". "Sí, el del dedo soy yo", afirmó sin dudar. Dejé un momento la maleta en el suelo para tomar aliento y, mi ángel protector la cogió. "No, no, gracias,
que puedo". pero insistió en llevarla él.

Entonces vi a mi esposo a lo lejos y saludé con la mano. Seguimos caminando y, dándole las gracias me despedí de mi acompañante. Al aproximarme a los míos,
mi niña se acercó a abrazarme (sólo ella. Mi esposo se quedó bastante rezagado, pues, claro,..., tan larga la espera y yo aparecía tan bien acompañada... Según me aclaró después).

-Mamá, ¿Tú venías con un negro?- me preguntó la niña.
-Sí.




HORA Y MEDIA ANTES:


El móvil me dejó tirada. En el momento en que que más falta me hacía me dejó tirada.

Yo había conectado la alarma para que sonase once minutos antes de la parada, una alarma inefable por su potencia, ya que la canción era "Vamos pa' Madrid", del Barrio; no sonó; sí, sonó, pero con media hora de retraso. El caso es que oí el aviso " El tren va a efectuar su parada en la estación dentro de unos segundos". Me desperté de mi profundo sueño, guardé la chaqueta que me había servido de almohadón y me estiré todo cuanto pude para alcanzar la maleta del altillo, pero pesaba demasiado - no había ningún hombre alrededor para que me ayudase a bajarla con agilidad, bueno, ya estaba, ya era mía. En el pasillo me crucé con dos viajeros que entraban al vagón, la segunda de ellos, llevaba una maleta de las mismas dimensiones que la mía y se quedaron encajadas, ni para alante ni para atrás, perdí otro minuto que me era vital. No he dicho que mi asiento era el 19A y que estaba en la última fila del coche. Al alcanzar la puerta de salida a mi estación, el Alaris acababa de arrancar.
Expliqué mi situación al revisor y me comunicó que raramente permitían hacer paradas no contempladas en la ruta, pero que lo iba a intentar.

Mi niña y su papá me esperaban en el andén y pensé de nmediato en su confusión (Mi mamá no ha bajado y el tren ha seguido. Mi mujer...). Inmediatamente
eché mano al móvil y, como máquina que es -y por tanto imperfecta-, me dijo que la batería estaba baja. Imposible comunicar.

Pasamos La Roda, el primer pueblo, sin que parase el tren, y me hice mis cuentas de dormir en Madrid. Entonces sonó la alarma del móvil. (A buenas horas, mamón, pensé).

Me dirigí a la cafetería y la chica me permitió conectar el cargador a la luz, hay que decir que éste iba al fondo de la maleta supercomprimida y tuve que sacar unos trapos a todo trapo, y descolocarla de mala manera. ¡Pude conectar! y mis dos grandes corazones se tranquilizaron bastante. El revisor me dijo que me iban a dejar en Alcázar de San Juan.

En la estación de Alcázar esperé a un regional procedenta de Galicia. Subí y el revisor no me exigió billete, ya le habían comunicado el asunto, y me indicó que siete vagones más adelante había un asiento libre, que fuese a sentarme. El tren en ese paseíto hizo un vaivén que me hizo recordar necesariamente la canción verbenera "El cha-ca-chá del tren".
"Qué bien se va en el tren, con tanto chacachá", "Ya, ya".


14.8.09

Amigos, cenas y verbenas.


Qué buenos son los cambios, y a veces qué rebuenos, pero, sobre todo, qué necesarios.
Esta mañana nos hemos acercado a Alcaraz y al entrar en casa, mis libros parecían haber cobrado una nueva vida, y los papeles, el ordenador y las carpetas me decían algo, algo así como que había cambiado de vida e intereses y los tenía olvidados, ignorados, y hasta despreciados.
Y no es verdad, qué soy sin libros. pero ahora tengo que dedicarme a otras cosas, muchas y buenas también: el aire, el sol, la gente del campo, los perros, las verbenas, las cenas con los amigos,... etecé etecé.

Esta noche tenemos cena en la Casa Rural de Diego y Ana. Ana está a punto de dar a luz a su segundo hijo, su antojo es el chocolate y llevamos dos seguidos,
por la noche. Javi, pese a que el último no apetecía mucho, decía que había que darle gusto a la parturienta, no fuese a salir el niño muy marroncito.


Julián hace muy buenos ranchos, la otra noche guisó carne de caza. Le pidieron un ajo de pan para esta noche,lo cual está bien, pero de noche es un poco fuerte. Su mujer, Gracia me ha dicho en bajito que no me preocupe, que ella va a hacer una tortilla de patatas grande como una paella (sabe que sus tortillas me pierden).

Después hay verbena,aunque de disfraces,... los disfraces no me gustan nada, digamos que los odio, pero uno de la peña, Antonio, no tiene miedo al ridículo y no podemos dejar de ver su indumentaria..., tendríais que conocerlo. Esta noche, bajo ningún concepto, puedo dejarme la cámara de fotos en casa.

Os dejo, hasta la próxima, con "María la portuguesa":