20.8.10

Mi pequeño mundo árabe


Ya casi no me acuerdo como se manejaba el ordenador, después del verano y más, peleada con él, harta de él, sin querer saber..., pero esta mañana nos hemos encontrado,
y he entrado en este artilugio que me parece de otra época.

A quien madruga, Dios le ayuda, dice el dicho; y va a ser que sí. Después de muchas noches consecutivas de acostarme a las cuatro y levantarme a las doce, me he caído de la cama, y nada más subir un poco la persiana, mi amor el sol, olvidado ya por mí, mala amante, en pleno mes de agosto, se filtraba sin contemplaciones desde el exterior. Qué corto es el verano, qué corto, como es corta la vida, cómo para que el sol se marche a otra parte y desaparezca..., yo, que no puedo vivir sin él. Después de una borrasca larga, de muchos días, con nublados continuos, y tras dos noches frías en las que tomé vino en la cena para animarme y animar, no me esperaba este sol. Al parecer, ¡el verano prosigue!

Sin duda, lo mejor de mi verano ha sido conocer a una familia árabe que se había instalado en el vecindario. Primero conocí al niño pequeño, Said, (le gusta decir de cualquier cosa que es gRande, eNoorme, y lo dice con énfasis), me buscaba a todas horas, después conocí a la madre, con sus pañuelos y palestinas siempre en la cabeza, luego, a un tiempo, al padre y al hijo mayor, con quienes conecté enseguida en una larga y entretenida conversación entre musulmana y cristiana, (tuve el Corán en las manos, con esa letra artística, me recitaron unos fragmentos y hasta oraron para mí con los gestos propios), al del medio sólo lo veo pasar en bici. Todos son marroquíes excepto el padre, que es saharaui y el pequeño que es español. Están en el mes del Ramadán. Me encanta conocer su cultura y costumbres y a ellos, las nuestras.

Los días de playa fueron también lo mejor, una playa semiescondida frente a un hotel donde me sentía como en casa y cocinaban que sabía a gloria. Aún me queda otra vuelta al mismo sitio, ahora con mi marido, mi hija y una amiga americana de ésta.

Y poco más. Seguiremos madrugando, ¿seguiremos madrugando, si hasta nada comienza la obligación del trabajo? Mejor, seguiremos trasnochando.

Nos vemos.