3.8.11

Rayos y truenos...


Relato de un enfado que me hizo gracia leyendo el último libro:


" -Voy a tener que confiscárselo -dijo con un tono que mezclaba autoridad y muy mala leche.

Al escuchar eso, al pensar que podía perderlo, salió mi yo más fiero. El bipolar que casi todos llevamos dentro. Y es que cuando me enfado pierdo el control; es como si algo en mí se activara y no se pudiera desactivar si no digo todo lo que pienso.

Me activan las injusticias, el dolor ajeno,el dolor propio, las humillaciones y la incomprensión.

Y cuando me activo, mis ojos adquieren una intensidad que pareceque sea capaz de cometer una auténtica locura. Mis palabras suben uno o dos tonos y siento que no me tranquilizo hasta sacarlo todo.

No consigo casi nunca mi objetivo cuando estoy en ese estado, pero al menos me desfogo.

Sé que lo podría corregir, pero creo que forma parte de mi carácter y me equilibra.

Así que comencé a perder el control. Empecé a vociferar a aquel tipo, a intentar darle a entender que aquel faro acabado en monóculo era un regalo que no podía perder en la vida. Le relaté que era algo que siempre llevaba encima, que me daba seguridad y que no podía desprenderme de él por nada en el mundo... Todo esto dicho con los peores modos posibles y añadiendo insultos y tacos".


Yo también me acabo de enfadar hace un ratito y he arremetido contra ... los pimientos. Sí, contra los pimientos. Porque siempre son los pimientos los que dan por saco en los frigoríficos... Alguien había sacado mis lentejas para mañana del frigorífico y al intentar volver a meterlas se ha roto el plato que las cubría, un plato de loza de los de antes. La culpa, del pimiento que obstruía, como siempre,...

¿Enfados? ¿Qué cosas merecen un enfado? Tan pocas,...

2.8.11

Esas pintas, esos bailes

"¿Conoces a "El Chuqui"?", me preguntó Rocío. "No..." "El de la peli "El muñeco diabólico", aclaró mi prima Isa. "Ah, ya...". "Es clavada", insistió Rocío. Le pusimos "La Chuqui" por el resto de la noche. Cuando una mujer se viste de quinceañera y tiene una edad, el efecto es patético. “Lleva el pelo alborotado, igual que El Chuqui cuando se enfada”. Esta observación era de Rocío. "Mira las sandalias, le sobra un dedo por detrás". "Se le escurren los pies, se sujeta con los dedos por delante y por eso le sobra por detrás".

Completaban la nota dos señoras que no paraban de bailar, les echaran lo que les echaran, estaban muy fondonas, una llevaba vestido y tacones y se levantaba para arriba el vestido como hacen las folklóricas, y la otra una falda vaquera demasiado corta para su edad y con el rin ran del baile de hace más años que Matusalén, la espalda perennemente tiesa la de la falda y las piernas más blancas que blancas y los brazos al ángulo recto de aquella época de Matusalén. "Luego dirán en sus casas: Éramos las mejores de toda la fiesta", decía Rocío. Y yo creo que efectivamente pensaban que se estaban luciendo y que lo hacían muy bien.

La hinchada a reir..., qué bueno.


Habrá polifacéticos, gente con dos profesiones. Pero me queda como raro el binomio: cartero y cantante orquestal. El cartero era el que cantaba, y qué repertorio, por Dios, si sacaba temas que los bailaban hace cien años.