8.9.11

Extraña familia




Cierto hombre tuvo la desgracia de casarse con una viuda que tenía una hija. De haberlo sabido, seguramente nunca lo hubiera hecho.

El caso es que su padre también era viudo. Se enamoró y se casó con la hija de su mujer, de manera que la esposa del primero era a la vez la suegra de su padre y su hijastra se convirtió en su "madre".

Pero la cosa se complicó infernalmente cuando su madrastra trajo al mundo un varón, que era a la vez su hermano (hijo de su padre) y nieto de su mujer, de manera que se daba la circunstancia de que él era abuelo de su propio hermano.

El colmo fue cuando nuestro hombre tuvo un hijo, también varón, con la mencionada viuda con la que se había casado. Este hijo pasó a ser el cuñado de su padre.

En resumen: su mujer era suegra de su propia hija y él era padrastro de su padre a la vez que su padre y la esposa de su padre eran hijos suyos al serlo de su esposa. Pero lo más curioso era que su mujer era de algún modo su abuela por ser la “madre” de su padre. Empezó a entrarle cierto vértigo al pensar que él podría ser -llevando las cosas a sus últimas consecuencias- su propio abuelo.

3.9.11

Requiem por Oso


La parvovirosis me ha quitado a mi último amorcito. Con sólo dos meses, cuánta, cuánta paz me ha transmitido este perro. No podía despegarme de él cuando lo tomaba, y con él me pasó lo que con ningún ser vivo antes, que, si ya dominado por el sueño se me iba a un rinconcito, yo no se lo permitía, no lo dejaba tranquilo, agarrándolo para abrazarlo de nuevo.

Al principio era el más feo de la camada, de los seis que tuvo la Nora; parecía un muñeco de Barrio Sésamo. Comenzamos a regalar perros a nuestros conocidos. Sólo nació una hembra, que por el hecho de ser hembra nos la ibamos a quedar, para no juntar un zoo perruno,... Iban a ser tres hembras entonces. Pero de momento, la Piti se murió, y ya habímos regalado los más bonitos.

Entonces, quedaban dos, reparé en "Oso". Descubrí lo tranquilo que era, lo manso. "De tan feo que es, me gusta...". "El hombre y el oso, cuanto más feo,... ya se sabe, más hermoso", les decía a los amigos. Una noche le di un buen cepillado, lo perfumé, y se obró una especie de transformación mágica, o tal vez eran mis ojos al mirarlo: estaba precioso.

Esta mañana me dicen que está mal. Con toda rapidez he pedido me lo trajeran y he localizado al veterinario que, aunque están de fiesta local por aquí, me ha hecho el favor de esperar. Ha dicho que era una parvovirus, que afecta a uno de cada tres cachorros, y que seguramente se contagió del otro caso. Le inyectó un antibiótico y suero. Aprendí allí en la consulta a inyectárselo yo, pues había que ponerle cada tres horas. Pensé que se iba a salvar, francamente, máxime hasta le pedí a un cura amigo una oración por él.

A las 4:30 le inyecté el suero, dos jeringuillas, estaba vivo. A las 5 tuvo unos espasmos y murió. Murió a mi lado.

Si entre el veterinario, el cura y yo no lo hemos salvado, quizás es que me deja un mensaje más importante para mí que él mismo: que esa paz que él ya no me va a poder dar... la busque en las personas,... Gracias, Oso. No olvido tu paso por mi vida, breve pero muy intenso, y me quedo con la idea que me has dejado con tu muerte.

Cimientos, casas y vidas


Como decíamos ayer, hay que vivir. Pero si una casa necesita cimientos, ¡no te digo una vida!
Y es que, ahora que caigo, una vida es como una casa: palos que se caen al suelo, vigas que se parten, ventanas por las que se cuela el aire, una baldosa rota, etc, etc, habitaciones con sol y otras sin sol ni quien lo pensara, momentos ruidosos que vienen de fuera y otros, desérticos, silenciosos,... unas flores quizás que quizás animen, o música clásica. Una casa urbana, o rural o costera, como la vida. Pagando impuestos y respetando las normas de la comunidad, pero haciendo tu casa a tu gusto y a tu manera.

Por lo pronto, ando desatascando el frigorífico, que se quedó cerrado y tiene... ¡moho! Así que la compra, va por partes, pero va... A ver si se me queda al final como el de la imagen, tan organizadito y todo.